Plano arquitectónico histórico a mano de la planta baja de una vivienda

Arquitecto o aparejador: quién hace qué en una reforma

Al plantear una reforma que afecta a la estructura o a la distribución de una vivienda, es habitual encontrarse con dos figuras técnicas: el arquitecto y el aparejador (hoy denominado oficialmente arquitecto técnico o ingeniero de edificación). Aunque en obras pequeñas sus funciones pueden solaparse, entender qué aporta cada uno ayuda a saber a quién recurrir según el alcance del proyecto.

El arquitecto: diseño y proyecto

El arquitecto es quien concibe el proyecto: define la distribución, la estética, la relación de los espacios entre sí y con el entorno, y resuelve desde el punto de vista técnico y normativo cómo debe construirse esa idea. En una reforma, esto implica estudiar qué elementos son estructurales y no se pueden tocar, qué normativa aplica (accesibilidad, eficiencia energética, protección contra incendios) y redactar el proyecto técnico necesario para tramitar la licencia municipal cuando la reforma lo requiere.

El aparejador o arquitecto técnico: ejecución y control de obra

El aparejador se centra tradicionalmente en la ejecución material de la obra: controla que lo proyectado se construya correctamente, gestiona la planificación y los plazos, supervisa la seguridad en la obra, y suele encargarse también de las mediciones y presupuestos detallados. Es la figura que está presente de forma más continua durante la ejecución, resolviendo en el día a día los problemas técnicos que van surgiendo en obra.

¿Cuándo se necesita cada uno?

En una reforma de acabados, sin tocar estructura ni distribución, no suele ser necesaria la intervención de ningún técnico: basta con un buen profesional de la reforma. En cuanto la reforma implica mover tabiques de carga, abrir huecos en muros estructurales, ampliar superficie o modificar instalaciones generales del edificio, la intervención de un arquitecto (y, según el alcance, también de un aparejador) suele ser necesaria tanto por seguridad como porque la normativa municipal lo exige para conceder la licencia de obras.

Dirección de obra y dirección de ejecución

En proyectos más grandes, es habitual que el arquitecto ejerza como director de obra (responsable del proyecto y de que se ajuste a lo diseñado) y el aparejador como director de ejecución (responsable del control técnico y de calidad durante la construcción). Ambas figuras trabajan de forma coordinada, y su firma conjunta suele ser necesaria para obtener el certificado final de obra en reformas de cierta envergadura.

Y el constructor o contratista, ¿qué papel tiene?

Conviene no confundir a estos técnicos con el constructor o contratista, que es la empresa o profesional que ejecuta materialmente los trabajos siguiendo las indicaciones del proyecto y bajo la supervisión de los técnicos. En reformas pequeñas es habitual que el propio contratista asuma también funciones de asesoramiento técnico, pero en obras que afectan a estructura o instalaciones generales, contar con la supervisión de un técnico independiente añade una garantía adicional.

Saber distinguir estas figuras ayuda a entender mejor los presupuestos de una reforma y a exigir las garantías técnicas adecuadas según la envergadura del proyecto.

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